Y bien..ya es septiembre. Mes de vuelta a la rutina, mes de estudio, exámenes, estrés. Empieza el curso, empiezan las tardes enteras delante de un libro, empiezan las prisas, empiezan a sonar los despertadores a las 7 de la mañana, se acabó lo 'bueno'. Lo pongo entre comillas porque el hecho de que sea verano no significa que todo sea perfecto, ojalá lo que ha pasado este verano no hubiera pasado nunca, ojalá se pudiera volver a atrás y cambiarlo todo, ojalá el verano hubiera sido bueno de verdad. Y ahora llega septiembre y no sé si alegrarme o no. Por una parte si me alegro, empieza una nueva etapa, un año más que he pasado y eso es buena, el seguir aquí, el poder quejarme, estresarme o lo que sea, si puedo hacerlo debo estar feliz, no todo el mundo puede. Cuando vuelves a la rutina siempre te lamentas de que ya estás otra vez haciendo lo de siempre, lo que tanto odias, ya sea volver a las clases o al trabajo..pero, ¿y las personas que ya no van a poder volver a esa rutina nunca más?¿las que se han quedado por el camino?en realidad somos afortunados de seguir aquí.
Septiembre siempre es un mes aburrido, realmente a nadie le gusta que llegue septiembre, aunque a mí tampoco me ha desagradado nunca. Siempre me ha gustado volver al colegio, pero solo los primerísimos días, a la semana ya estoy hasta el moño..Pero me gusta volver y ver que nada ha cambiado, que todo sigue igual, que los cabrones de mi clase tocapelotas siguen ahí haciendo de las suyas, que las empollonas siguen siendo unas sabelotodo y que las vagas siguen siendo unas vagas, que un año más nada ha cambiado. Pero, esta vez no es igual, esta vez han cambiado muchas cosas, muchísimas. Ya no va a ser lo mismo volver a clase y ver a las mismas personas de siempre, porque no son las de siempre, bueno, en realidad sí lo son, pero no estaremos al completo. Faltará la vaga de turno que no hacía nada, la que me pedía los apuntes cada día, la que cuando no se le olvidaba el libro se lo olvidaba la libreta, , la que me pintaba las puntas con rotulador rojo, la que me llamaba 'alita de pollo' y la que me acompañaba siempre en la lista de 'llega tarde' en e.f, la que lo revoluciaba todo, que ya no está y aún no lo he asimilado. Es algo como cuando llega la Navidad y se reúne toda la familia, que cuando alguien se va ya nunca es lo mismo, se queda un vacío insustituible.
Y no importan las lágrimas, los cambios, o el tiempo que pase, ese vacío siempre va a estar dentro de mí, porque su recuerdo sigue viviendo dentro de mí, y eso nunca cambiará. Dicen que el tiempo cura las heridas, pero siempre queda la cicatriz. Lo más triste de las despedidas es que un día dices 'adiós' y no te das cuenta de que es último.
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